Marcus Segovia

When all seems lost, look for the light in the details.

Datos de Interés:

▶ ɴᴏᴍʙʀᴇ: ᴍᴀʀᴄᴜꜱ ᴀʟᴇxᴀɴᴅᴇʀ ꜱᴇɢᴏᴠɪᴀ ᴅᴀᴠᴇɴᴘᴏʀᴛ▶ ᴄᴜᴍᴘʟᴇᴀÑᴏꜱ: 25 ᴅᴇ ᴏᴄᴛᴜʙʀᴇ▶ ᴏᴄᴜᴘᴀᴄɪᴏɴ: ᴀʀᴛɪꜱᴛᴀ ᴠɪꜱᴜᴀʟ▶ ᴇᴅᴀᴅ: 25 ʏᴇᴀʀꜱ▶ ᴀʟᴛᴜʀᴀ 1.95 ᴍ▶ ᴘᴇꜱᴏ: 91 ᴋɢ.▶ ʀᴀᴢᴀ: ʜᴜᴍᴀɴᴀ

Marcus nació en una pequeña ciudad donde el arte rara vez era más que un pasatiempo. Desde temprana edad, demostró una curiosidad insaciable por el mundo que lo rodeaba, explorando las calles con una cámara antigua que había pertenecido a su padre. Este, aunque nunca obtuvo reconocimiento por su pasión por la fotografía, dejó en Marcus una herencia invaluable: no solo la cámara, sino también el deseo de capturar la belleza efímera de la vida. Tras la muerte de su padre, esa cámara se convirtió en un símbolo, un recordatorio constante de lo que podía lograrse al mirar más allá de lo evidente.A los 16 años, las tensiones familiares llevaron a Marcus a tomar una decisión drástica: dejar su hogar y buscar nuevas oportunidades en la ciudad de Aralis. Con poco más que su cámara y un sueño, emprendió un viaje lleno de incertidumbre hacia un lugar completamente desconocido. No tenía contactos, familiares ni amigos que lo apoyaran en su llegada. Todo lo que lo rodeaba era extraño: las calles bulliciosas, el ritmo acelerado de la gente, la sensación constante de estar fuera de lugar. Aralis, con su inmensidad y su indiferencia, lo recibió con un silencio que resonaba en su soledad.La primera semana en la ciudad fue especialmente dura. Encontrar un lugar donde vivir fue un reto; con los pocos ahorros que había logrado reunir, solo pudo alquilar un pequeño apartamento en un edificio viejo, donde las paredes parecían apenas sostenerse. Cada noche, el ruido de los autos y las conversaciones en las calles se colaban por las ventanas mal selladas, recordándole lo lejos que estaba de la tranquilidad de su hogar. Incluso algo tan simple como comprar comida se sentía abrumador: el mercado era un caos de rostros desconocidos y precios elevados que le hacían cuestionar si realmente podría sostenerse en ese lugar.Para mantenerse a flote, aceptaba trabajos esporádicos y becas que apenas cubrían sus estudios, pero pronto los gastos comenzaron a acumularse. La ciudad era mucho más costosa de lo que había anticipado, y las dificultades económicas lo obligaron a aceptar encargos fotográficos que no siempre disfrutaba. Fotografiar eventos corporativos o sesiones comerciales era un medio para financiar sus verdaderas aspiraciones artísticas, pero con cada día que pasaba, el sueño que lo había llevado a Aralis comenzaba a sentirse como una carga pesada.En el ámbito artístico, Marcus enfrentó un camino igualmente arduo. Aunque su talento era evidente, su enfoque no siempre era comprendido. Sus primeras exposiciones recibieron críticas divididas; algunos elogiaban la profundidad emocional de sus imágenes, mientras otros las consideraban sombrías o demasiado introspectivas. Este tira y afloja entre la aceptación y el rechazo alimentó sus inseguridades, y cada exposición se convirtió en una prueba emocional. Antes de cada muestra, el miedo de no ser comprendido lo consumía, pero nunca dejó que esas dudas lo detuvieran.A nivel social, Marcus también enfrentaba desafíos. Aunque interactuaba con muchas personas en su entorno profesional, sentía que mantenía una barrera emocional que le impedía formar conexiones genuinas. Las charlas con clientes y colegas eran, en su mayoría, superficiales, girando siempre en torno al trabajo. Por más que se esforzara por mostrarse amigable y accesible, había algo en su interior que lo detenía, como si el peso de su pasado y el miedo a abrirse lo mantuvieran en una constante posición defensiva.Además, la soledad que lo acompañaba desde su llegada a Aralis había dejado una marca profunda. Aunque lograba proyectar una imagen de estabilidad, las noches solitarias en su pequeño apartamento a menudo lo enfrentaban con sus propios demonios: la sensación de desconexión, la nostalgia por la vida que había dejado atrás, y la duda constante de si su aislamiento era una elección propia o una consecuencia inevitable de las circunstancias.A pesar de sus logros técnicos, Marcus sigue librando una batalla constante con su autoestima. Cada nueva exposición o proyecto representa un desafío interno, una lucha por creer que su arte merece ser visto y apreciado. Sin embargo, lo que nunca le falta es pasión. Para Marcus, la fotografía no es solo un oficio, sino un puente hacia las historias no contadas de la humanidad. Es su forma de conectar con el mundo y encontrar su lugar en él, incluso cuando las dudas y las dificultades intentan interponerse en su camino.

Marcus nació en una pequeña ciudad donde el arte rara vez era más que un pasatiempo. Desde temprana edad, demostró una curiosidad insaciable por el mundo que lo rodeaba, explorando las calles con una cámara antigua que había pertenecido a su padre. Este, aunque nunca obtuvo reconocimiento por su pasión por la fotografía, dejó en Marcus una herencia invaluable: no solo la cámara, sino también el deseo de capturar la belleza efímera de la vida. Tras la muerte de su padre, esa cámara se convirtió en un símbolo, un recordatorio constante de lo que podía lograrse al mirar más allá de lo evidente.A los 16 años, las tensiones familiares llevaron a Marcus a tomar una decisión drástica: dejar su hogar y buscar nuevas oportunidades en la ciudad de Aralis. Con poco más que su cámara y un sueño, emprendió un viaje lleno de incertidumbre hacia un lugar completamente desconocido. No tenía contactos, familiares ni amigos que lo apoyaran en su llegada. Todo lo que lo rodeaba era extraño: las calles bulliciosas, el ritmo acelerado de la gente, la sensación constante de estar fuera de lugar. Aralis, con su inmensidad y su indiferencia, lo recibió con un silencio que resonaba en su soledad.La primera semana en la ciudad fue especialmente dura. Encontrar un lugar donde vivir fue un reto; con los pocos ahorros que había logrado reunir, solo pudo alquilar un pequeño apartamento en un edificio viejo, donde las paredes parecían apenas sostenerse. Cada noche, el ruido de los autos y las conversaciones en las calles se colaban por las ventanas mal selladas, recordándole lo lejos que estaba de la tranquilidad de su hogar. Incluso algo tan simple como comprar comida se sentía abrumador: el mercado era un caos de rostros desconocidos y precios elevados que le hacían cuestionar si realmente podría sostenerse en ese lugar.Para mantenerse a flote, aceptaba trabajos esporádicos y becas que apenas cubrían sus estudios, pero pronto los gastos comenzaron a acumularse. La ciudad era mucho más costosa de lo que había anticipado, y las dificultades económicas lo obligaron a aceptar encargos fotográficos que no siempre disfrutaba. Fotografiar eventos corporativos o sesiones comerciales era un medio para financiar sus verdaderas aspiraciones artísticas, pero con cada día que pasaba, el sueño que lo había llevado a Aralis comenzaba a sentirse como una carga pesada.En el ámbito artístico, Marcus enfrentó un camino igualmente arduo. Aunque su talento era evidente, su enfoque no siempre era comprendido. Sus primeras exposiciones recibieron críticas divididas; algunos elogiaban la profundidad emocional de sus imágenes, mientras otros las consideraban sombrías o demasiado introspectivas. Este tira y afloja entre la aceptación y el rechazo alimentó sus inseguridades, y cada exposición se convirtió en una prueba emocional. Antes de cada muestra, el miedo de no ser comprendido lo consumía, pero nunca dejó que esas dudas lo detuvieran.A nivel social, Marcus también enfrentaba desafíos. Aunque interactuaba con muchas personas en su entorno profesional, sentía que mantenía una barrera emocional que le impedía formar conexiones genuinas. Las charlas con clientes y colegas eran, en su mayoría, superficiales, girando siempre en torno al trabajo. Por más que se esforzara por mostrarse amigable y accesible, había algo en su interior que lo detenía, como si el peso de su pasado y el miedo a abrirse lo mantuvieran en una constante posición defensiva.Además, la soledad que lo acompañaba desde su llegada a Aralis había dejado una marca profunda. Aunque lograba proyectar una imagen de estabilidad, las noches solitarias en su pequeño apartamento a menudo lo enfrentaban con sus propios demonios: la sensación de desconexión, la nostalgia por la vida que había dejado atrás, y la duda constante de si su aislamiento era una elección propia o una consecuencia inevitable de las circunstancias.A pesar de sus logros técnicos, Marcus sigue librando una batalla constante con su autoestima. Cada nueva exposición o proyecto representa un desafío interno, una lucha por creer que su arte merece ser visto y apreciado. Sin embargo, lo que nunca le falta es pasión. Para Marcus, la fotografía no es solo un oficio, sino un puente hacia las historias no contadas de la humanidad. Es su forma de conectar con el mundo y encontrar su lugar en él, incluso cuando las dudas y las dificultades intentan interponerse en su camino.

Su pasado con Los Medici

Una noche, mientras Marcus capturaba la esencia de un festival local con su cámara, sus ojos se cruzaron con los de una figura imponente entre la multitud. Vito Medici, un mafioso de renombre en Aralis, lo observaba con atención. La reputación de Vito lo precedía: un hombre carismático pero peligroso, cuya sonrisa escondía amenazas disfrazadas de cortesía. Después del evento, se acercó a Marcus con una oferta que no dejaba mucho margen para el rechazo.Vito le propuso un encargo inusual: quería que documentara la vida cotidiana de la mafia, no desde el ángulo oscuro que el público temía, sino como un retrato atractivo, casi aspiracional. La intención era mostrar una cara seductora de su mundo, una imagen de fuerza, hermandad y camaradería, diseñada para atraer a los jóvenes en busca de un propósito. Marcus sabía que involucrarse con la mafia podía ser una decisión peligrosa, pero su situación financiera era desesperada. Con las cuentas acumulándose y pocas oportunidades en el horizonte, aceptó el trabajo, convencido de que sería algo temporal.La primera sesión tuvo lugar en uno de los clubes exclusivos que la mafia frecuentaba. Era un lugar donde el lujo y la opulencia parecían exagerados, un contraste abrumador con la vida modesta que Marcus llevaba. Las luces de neón iluminaban las paredes decoradas con extravagancia, mientras las risas, las conversaciones discretas y el ruido de copas chocando llenaban el ambiente. Los miembros de la organización parecían completamente relajados, como si las cámaras de Marcus no estuvieran allí. Vito, siempre atento, quería que capturara esa sensación de normalidad, de una vida de constante celebración de poder y éxito.A medida que los encargos continuaron, Marcus comenzó a frecuentar más estos eventos privados. Las sesiones fotográficas lo llevaron a retratar no solo la aparente unidad de una “familia” construida en torno a la lealtad y el dinero, sino también el carisma magnético que Vito quería proyectar. Con cada fotografía, ayudaba a crear una narrativa peligrosa: la mafia no era solo una organización criminal, sino una aspiración para quienes buscaban escapar de la monotonía de una vida común.Sin embargo, cuanto más tiempo pasaba inmerso en este mundo, más comenzaba a percibir las grietas bajo la superficie. Aunque las fotografías mostraban risas, camaradería y confianza, Marcus podía sentir la tensión latente en cada interacción. Detrás de las sonrisas, capturaba miradas furtivas y silencios cargados de significado, recordatorios de que esas personas no eran solo sujetos de su arte, sino individuos peligrosos que vivían en un constante juego de poder y secretos.El trabajo le trajo la estabilidad económica que tanto necesitaba, pero también lo sumió en un dilema moral y emocional. Lo que al principio había visto como un simple encargo, una transacción más en su carrera, comenzó a transformarse en una pesada carga. Con cada foto que entregaba, sentía que contribuía a glorificar un mundo oscuro y violento. Su vida personal y profesional se entremezclaban, y Marcus se dio cuenta de que estaba perdiendo el control de su propio destino.La tensión alcanzó su punto máximo tras una sesión especialmente tensa, en la que la atmósfera parecía cargada de sospechas y desconfianza. Fue entonces cuando Marcus tomó una decisión: tenía que alejarse. Continuar implicaría no solo comprometer sus valores, sino también poner en riesgo su propia vida. Pero sabía que no sería fácil. Vito no era alguien que aceptara un “no” sin consecuencias.Con el dinero que había ganado, Marcus saldó sus deudas y trazó un plan para desaparecer de forma gradual. Redujo el contacto con la mafia, rechazó nuevos encargos y evitó los lugares que ellos frecuentaban. Para el mundo exterior, parecía que se estaba tomando un descanso de su carrera, algo comprensible en un artista, pero en realidad estaba construyendo una salida silenciosa y calculada.A pesar de sus esfuerzos, la mafia no lo dejó ir por completo. Aunque Vito no lo obligó a regresar, dejó en claro que Marcus nunca estaría completamente fuera de su alcance. De vez en cuando, encontraba pequeños recordatorios de su presencia: una postal anónima en su puerta o una fotografía de uno de sus trabajos más recientes acompañada de un mensaje breve, pero contundente: “Siempre estamos cerca.” Estos gestos eran suficientes para recordarle que su conexión con ellos, aunque tenue, aún existía.Ahora, Marcus ha logrado retomar su vida y su arte, alejándose de la influencia directa de la mafia. Ha vuelto a trabajar en los proyectos que realmente le apasionan: capturar la humanidad cruda y honesta en las calles de Aralis, lejos del glamour peligroso que una vez lo rodeó. Sin embargo, la sombra de su pasado todavía lo persigue. Cada vez que toma una foto, no puede evitar mirar por encima del hombro, consciente de que, aunque intenta vivir en libertad, las cadenas invisibles del mundo del que escapó siguen presentes.Para Marcus, cada imagen es una reafirmación de su independencia y de su lucha por mantenerse fiel a sí mismo. Aunque sabe que la mafia nunca desaparecerá por completo de su vida, está decidido a no dejar que eso defina quién es ni el legado que quiere dejar a través de su arte.

Su Actualidad

A pesar de todo lo que ha vivido, Marcus ha aprendido a mostrar una sonrisa incluso en los días más difíciles. No siempre refleja lo que siente por dentro, pero esa sonrisa le permite mantener un buen ambiente con quienes lo rodean. Durante una sesión de fotos con un cliente exigente, en una conversación casual con un compañero de trabajo o al compartir un café con los pocos amigos que tiene, Marcus procura irradiar una actitud amistosa. Es su manera de conectar con el mundo, aunque a veces esa conexión parezca superficial.Esta habilidad, sin embargo, no surgió de la nada. Fue algo que perfeccionó con los años, especialmente después de sus encuentros con la mafia. La necesidad de mantenerse firme y sereno frente a figuras tan intimidantes como Vito Medici le enseñó a proyectar seguridad, incluso cuando su interior era un torbellino de emociones. Hoy en día, emplea esa misma calma para tranquilizar a modelos nerviosos, ganarse la confianza de nuevos clientes o, cuando es necesario, esquivar preguntas incómodas sobre su pasado.Pero su sonrisa no es solo un escudo. Con el tiempo, Marcus descubrió que su amabilidad y accesibilidad tienen un poder único: permiten que las personas se abran ante su cámara. Esta actitud amistosa se convierte en un puente que derrumba barreras, logrando que sus sujetos muestren versiones más auténticas de sí mismos. Para él, esa autenticidad es el corazón de su fotografía, lo que transforma cada disparo en un testimonio real de la vida y las emociones humanas.Mientras tanto, Marcus intenta seguir con su vida en Aralis, lejos de las sombras de la mafia. Ha vuelto a sumergirse en su trabajo personal, capturando las historias ocultas en los rincones de la ciudad: obreros en sus interminables jornadas, niños jugando en las calles, ancianos observando el ir y venir de una urbe que nunca se detiene. También ha ampliado su portafolio con proyectos más ambiciosos, como trabajar como director de arte en producciones cinematográficas, colaboraciones con modelos de renombre y grandes marcas, y series fotográficas que exploran temas profundos. Estas imágenes no solo consolidan su carrera, sino que también lo conectan con el verdadero propósito detrás de su arte: compartir su visión del mundo con quienes estén dispuestos a mirarlo desde su perspectiva.Sin embargo, las sombras del pasado siguen presentes. La mafia no lo ha olvidado, y Marcus vive con la constante amenaza de su vigilancia. De vez en cuando, recibe señales inquietantes de Vito Medici: una postal anónima dejada en su puerta, una fotografía de uno de sus trabajos recientes acompañada de un mensaje breve pero cargado de significado: “Siempre estamos cerca”. En ocasiones, esa presencia ha sido más directa, con encuentros que terminan en amenazas o incluso agresiones físicas. Estas experiencias han obligado a Marcus a prepararse para cualquier enfrentamiento, utilizando su ingenio y su reciente entrenamiento en defensa personal para mantenerse seguro.En lo personal, Marcus aún batalla con la soledad y las inseguridades que lo han acompañado desde siempre. La sensación de estar constantemente observado no lo abandona, pero ha aprendido a vivir con esa incomodidad. Aunque su vida social sigue siendo limitada, ha encontrado una red de apoyo entre colegas y amigos del mundo artístico. Sin embargo, estos momentos de cercanía suelen ser fugaces, pues teme que cualquier relación más profunda pueda convertirse en un arma para la mafia.En sus noches más solitarias, Marcus reflexiona sobre lo que podría haber sido su vida si nunca hubiera aceptado el encargo de Vito. Pero estas meditaciones no lo detienen; al contrario, le recuerdan la fortaleza que ha ganado. Cada fotografía que captura es una reafirmación de su identidad, una declaración silenciosa de su libertad. Aunque sabe que escapar completamente de la mafia es casi imposible, está decidido a no permitir que su sombra le arrebate su visión.Para Marcus, la fotografía ya no es solo un medio de vida; es su resistencia. A través de su lente, encuentra la forma de demostrar que incluso bajo vigilancia y amenaza, puede seguir siendo fiel a sí mismo y al mundo que busca retratar.

Habilidades

No cuenta con armas letales ni poderes sobrenaturales; su fortaleza radica en lo que cualquier persona podría lograr con entrenamiento y determinación, preparación física, mental y el uso inteligente de herramientas sencillas.

  • Boxeo y Muay Thai: Estas disciplinas le dan a Marcus una base sólida en golpes y técnicas de defensa, y no requieren armas, solo habilidad y práctica. El Muay Thai incluye el uso de codos y rodillas, lo que lo hace efectivo en espacios reducidos, como los callejones de Aralis.

  • Krav Maga: Este arte marcial se basa en técnicas de defensa personal diseñadas para situaciones de la vida real. Le facilita a Marcus movimientos simples y eficaces para neutralizar a un oponente rápidamente, siendo perfecto para alguien que podría enfrentarse a situaciones de peligro inesperado.

  • Bastón extensible: Fácil de ocultar y transportar, le a Marcus alcance y fuerza sin necesitar un arma letal. Es efectivo para desarmar o neutralizar a un oponente sin hacer daño letal.

  • Cámara con doble uso: Marcus modifico una de sus cámaras para hacer uso de un flash cegador. Esto le permite ganar tiempo en caso de una pelea sin recurrir a un ataque directo.

  • Bombas de humo: Estas bombas de tamaño compacto, libres de químicos tóxicos, son fáciles de transportar y están diseñadas para ser utilizadas estratégicamente, ya sea para reposicionarse, escapar o tomar a los adversarios por sorpresa.

  • Parkour: Desarrollo habilidades de parkour o movimiento libre, le permite escapar rápidamente de amenazas utilizando el entorno urbano. En una ciudad como Aralis, esto le da una gran ventaja en calles y tejados.

  • Primeros Auxilios: Como alguien que puede enfrentarse a situaciones peligrosas, Marcus aprendio primeros auxilios avanzados para lidiar con heridas en caso de enfrentamientos. Este conocimiento le da una ventaja en situaciones en las que necesite atenderse antes de poder buscar ayuda.

Aralis

“Todo lugar que haya permanecido mucho tiempo en pie, esconde secretos. Pocos son conscientes de la sangre y lágrimas derramadas, para que podamos llamar a nuestras ciudades, hogar.”

Aralis no es solo un lugar; es una entidad en sí misma, una bestia de concreto y luces que devora a los débiles y engrandece a los resistentes. En su superficie, es un centro urbano moderno: tráfico incesante, rascacielos que se elevan como colmillos, una jungla de metal donde cada persona es un punto insignificante en el gran mapa de la indiferencia.Pero hay algo más en Aralis. Algo que vibra en sus entrañas. Algo que se oculta en los callejones donde la luz de las farolas parpadea como si tuviera miedo de lo que ilumina. Es un lugar donde lo imposible existe a la vista de todos, disfrazado de coincidencia, de paranoia, de historias que nadie cree.
Quienes han vivido en Aralis el tiempo suficiente saben que no es solo una ciudad, sino una jaula con reglas propias. Hay personas que desaparecen sin dejar rastro, edificios que algunos recuerdan y otros no, sombras que parecen moverse solas. Hay quienes aseguran que la ciudad elige a sus habitantes y que, una vez que entras en su red, jamás podrás salir realmente.
Para la mayoría, Aralis es solo un lugar de oportunidades o fracasos. Para otros, es un teatro donde magia y tecnología chocan en un equilibrio frágil, donde las reglas de la realidad se han visto comprometidas desde hace mucho tiempo.
El distrito sombrío es el apodo de un barrio donde la ciudad parece haberse olvidado de sí misma. Edificios viejos, calles agrietadas, luces que titilan en un eterno estado de duda. Aquí es donde los que no encajan terminan viviendo: forasteros, artistas incomprendidos, fugitivos de algo más que la ley. Fue el lugar de residencia de Marcus durante algunos años, antes de que las cosas empezaran a mejorar para él.
Bajo la ciudad, las antiguas líneas de metro y túneles olvidados han sido ocupados por aquellos que prefieren el anonimato absoluto. Contrabandistas, científicos desterrados, hechiceros experimentando con fuerzas prohibidas. Aquí, las reglas de la superficie no aplican.
El distrito financiero y tecnológico, donde las corporaciones más poderosas manipulan tanto el mercado como la información. Es la cara brillante de Aralis, la que vende el sueño de éxito y progreso. Pero la verdad es más oscura. Nexuscorp es la empresa más influyente, dueña de tecnologías que no deberían existir. Hay rumores de que han logrado replicar habilidades humanas con inteligencia artificial, o algo peor.
Sin dudarlo, Aralis es una ciudad que no olvida ni perdona. Es un ecosistema donde cada ser, sea humano, criatura o máquina, debe encontrar su lugar o ser devorado por ella.
Existen reglas no escritas que aquellos que pertenecen a este mundo conocen bien.
No preguntes por los desaparecidos. Si alguien que conocías deja de existir y nadie recuerda su nombre, no insistas.
Si un desconocido te dice que no deberías estar en un sitio, hazle caso.
Si ves una sombra que no coincide con ninguna persona, sigue caminando.

Los Medici

Al principio, la mafia de Aralis no era más que otro grupo del crimen, liderado por Vito Medici, quien, hasta entonces, no era más que un delincuente menor. Comenzaron con los negocios tradicionales: extorsión, tráfico de drogas, armas y apuestas clandestinas. Operaban como cualquier otra organización criminal, aprovechando la corrupción en la policía y la falta de control en ciertos barrios de la ciudad.Todo cambió cuando uno de sus principales traficantes desapareció en una entrega rutinaria en el Distrito Sombrío. Lo último que supieron de él fue un mensaje de voz distorsionado, donde murmuraba sobre "sombras que se movían sin dueño" y "ojos en las paredes".Creyeron que había sido una trampa de una banda rival. Pero cuando comenzaron a investigar, se dieron cuenta de que estaban lidiando con algo que no tenía sentido en el mundo normal.Un contacto en El Mercado de Medianoche les habló de fuerzas que la mayoría de los ciudadanos de Aralis ignoraban: reliquias con propiedades imposibles, rituales que podían hacer desaparecer a una persona de la realidad. Ese fue el momento en que la mafia cambió para siempre.Vito y sus hombres comenzaron a invertir en este nuevo mundo. Dejaron de ser una simple mafia para convertirse en algo mucho más peligroso: Se apropiaron de ciertos puntos de ruptura en la ciudad y los usaron para transportar mercancía o desaparecer a sus enemigos. Se hicieron con el control de una parte del mercado de medianoche, asegurando que solo ellos podían distribuir ciertos artefactos prohibidos. Incluso experimentaron con drogas de naturaleza mágica, creando sustancias que podían amplificar habilidades humanas, alterar percepciones o manipular recuerdos.
Marcus es conciente de que sus capacidades no estan ni cerca de hacerles frente a ellos. Por eso mismo, trata de mantenerse alejado de sus planes y sus operaciones. Aunque ocasionalmente, terminan apareciendo en su vida de nuevo.